Cuando la persecución política sacude los cimientos del hogar, son ellas quienes asumen el mando invisible de la resistencia: las esposas y madres que, ya sea desde el exilio o desde la trinchera local, sostienen a sus familias con una entereza inquebrantable frente a la adversidad.
Por un lado, se expone el caso de Anibys Reyes de Oropeza, quien fue primera dama del municipio Torres en Lara, la cual debió empacar su vida y partir al exilio junto a su esposo e hijas, reinventando el concepto de hogar en tierras extranjeras bajo la sombra de la incertidumbre.
En contraste, se encuentra la vivencia de Vanessa Rojas de Gómez, esposa de Jesús Guillermo Gómez, exdirector de la alcaldía, quien optó por permearse en Venezuela junto a sus hijos. A pesar de la separación física y de los constantes viajes entre fronteras para mantener el vínculo familiar, a ella le tocó blindar de fortaleza y esperanza el núcleo hogareño desde su natal Carora.
Ambos relatos reflejan el profundo costo humano de la crisis venezolana, evidenciando cómo el rol femenino se multiplica ante la adversidad, mientras unas desafían el desarraigo adaptándose a nuevas geografías, otras resisten en su espacio local.





