Mujeres activistas, periodistas, defensoras de derechos humanos, lideresas comunitarias y representantes de distintas organizaciones se reunieron este jueves en Caracas para discutir cuál debe ser su papel en el proceso de transición que atraviesa Venezuela y cómo convertir años de organización territorial en participación efectiva dentro de los espacios donde se toman decisiones.
El encuentro “Mujeres construyendo la transición: sin mujeres no hay democracia” reunió experiencias de organizaciones que trabajan en distintos estados y sectores del país. Una de las ideas que ha atravesado las intervenciones es que la participación de las mujeres no comienza con la actual coyuntura política: existen redes que llevan años formando liderazgos, organizando comunidades, documentando sus realidades y construyendo propuestas.
Una de las redes de activistas presentadas durante la jornada funciona desde 2022 y reúne a gremialistas, lideresas comunitarias y políticas, integrantes de organizaciones sociales y mujeres que trabajan en zonas fronterizas y comunidades indígenas. Desde esa experiencia se destacó que muchas ya cuentan con capacidades, formación y trayectoria para asumir mayores responsabilidades en el momento político que vive Venezuela.
Desde IPYS Venezuela se planteó que la conversación sobre una transición tampoco comenzó con la coyuntura reciente. El trabajo periodístico realizado durante los últimos años les ha permitido encontrar en los territorios a mujeres que dejaron de ser únicamente fuentes para convertirse también en aliadas del periodismo y protagonistas de procesos comunitarios.
La organización destacó que estas mujeres hacen política cuando buscan soluciones a los problemas de sus comunidades, mientras enfrentan simultáneamente la precariedad económica, las desigualdades dentro de los hogares y jornadas de trabajo que pueden duplicarse o triplicarse.
La Red de Periodistas Venezolanas llevó esa discusión al terreno de las narrativas. Durante su intervención cuestionó la separación tradicional entre los llamados “temas de mujeres” y el resto de la agenda pública.
“No hay temas de mujeres. Todos los temas son de mujeres”, se planteó durante el encuentro al mencionar asuntos como política, economía, salud y gestión de la vida.
Para la Red, parte del desafío pasa por hacer visibles esas experiencias dentro del periodismo. “Lo que no se nombra no existe”, señalaron al reivindicar una forma de contar que reconozca una voz que siempre ha estado presente, pero que históricamente ha tenido menor espacio dentro de narrativas predominantemente masculinas.
Redes que ya trabajan en los territorios
Raíces presentó los resultados de un proceso de formación iniciado en julio y desarrollado en Bolívar y Aragua. Tras una primera etapa de capacitación y posteriores réplicas realizadas por las propias participantes, la experiencia alcanzó a 50 mujeres en Bolívar y 73 en Aragua.
La experiencia puso sobre la mesa uno de los elementos recurrentes del encuentro: utilizar la formación para generar capacidades que posteriormente puedan multiplicarse dentro de las propias comunidades y mantener estos procesos más allá de una actividad puntual.
Desde la Alianza de Mujeres Políticas, Marysabel Centeno presentó una hoja de ruta técnica construida con participación de mujeres jóvenes provenientes de 14 estados del país, entre ellos Anzoátegui, Táchira y Zulia.
Centeno explicó que en su elaboración participaron no solamente estudiantes, sino jóvenes vinculadas a la política, liderazgos sociales y comunitarios y liderazgos indígenas. También puso sobre la mesa la necesidad de generar referentes para las nuevas generaciones de mujeres que buscan participar en la vida pública y reconoció el trabajo que una joven identificada como Isa desarrolla desde la Universidad Católica Andrés Bello.
La discusión continuó con Evelyn Pinto, también de la Alianza de Mujeres Políticas, quien cuestionó la idea de que existan pocas mujeres involucradas en política. A su juicio, el problema está en su invisibilización y en la distancia que todavía existe entre el trabajo que realizan y su presencia en los puestos formales de poder.
Pinto señaló que en los territorios son mujeres quienes organizan buena parte de las comunidades y que esa realidad también se reproduce dentro de los partidos políticos: conocen las agendas comunitarias, manejan información sobre sus organizaciones y mantienen contacto directo con las necesidades de la población.
La Alianza de Mujeres Políticas surgió precisamente, explicó, para impulsar que esa participación pueda traducirse en una mayor presencia femenina en los espacios de toma de decisiones.
De organizarse a decidir
Daniela Ropero, de Juntas Nos Crecieron Alas, reconstruyó parte del camino que antecede a la discusión actual. Recordó la experiencia de la Marcha de las Mariposas, organizada por más de 50 organizaciones alrededor de la prevención de la violencia contra las mujeres.
Hacia finales de 2020, explicó, comenzaron a identificar un vacío en la representación de las mujeres y de sus necesidades en medio de la profunda crisis política, económica y social que atravesaba Venezuela. De allí surgió la búsqueda de un espacio donde pudieran encontrarse, organizarse, estar representadas y ser escuchadas, proceso que dio paso a Juntas.
Su intervención refuerza otra de las ideas que ha atravesado la jornada: las redes de mujeres que hoy reclaman participación en la transición no aparecieron con la transición. Muchas fueron construidas durante los años más complejos de la crisis venezolana y ahora buscan que esa experiencia acumulada tenga incidencia sobre la nueva etapa del país.
La transformación también comienza desde las bases
Lexys Rendón, de Laboratorio de Paz, llevó la discusión hacia el trabajo de formación y organización que distintas redes de mujeres han desarrollado durante los últimos años y que, a su juicio, demuestra que parte de la transformación democrática ya comenzó desde los territorios.
Rendón explicó que uno de los compromisos de Laboratorio de Paz ha sido formar grupos de mujeres en materia de derechos humanos, eje central del trabajo de la organización, y fortalecer capacidades que permitan una mayor organización social.
“Sí es posible la transformación que ya arrancó en las bases”, planteó Rendón al referirse a la experiencia acumulada por estas redes y a los procesos que ya se desarrollan en distintos espacios del país.
Desde Laboratorio de Paz, este trabajo forma parte de una apuesta por la construcción democrática mediante mecanismos pacíficos y por generar condiciones para que la sociedad organizada tenga capacidad de participar e incidir.
Su planteamiento conecta con una de las discusiones centrales del encuentro: la transición no debería entenderse únicamente desde los acuerdos y cambios que ocurran en los espacios institucionales, sino también desde las capacidades construidas durante años por mujeres organizadas en sus comunidades.
La familia como espacio para construir convivencia
Luisa Pernalete, de Fe y Alegría, llevó la conversación hacia otra dimensión de la reconstrucción del país: la prevención de la violencia y la construcción de convivencia desde las familias.
Pernalete recordó que en 2010 diseñó el programa Madres Promotoras de Paz luego de una situación de violencia que afectó directamente a una comunidad educativa en el estado Bolívar. La experiencia llevó a estudiar cómo prevenir, reducir y eliminar la violencia y a tomar una decisión sobre dónde comenzar ese trabajo: con las madres.
“A mamá todo el mundo le echa la culpa y nadie le tiende la mano”, recordó Pernalete al explicar la idea que estuvo detrás de aquella decisión.
El trabajo dio origen primero a un material de formación y posteriormente al libro “Conversaciones sobre la violencia y la paz: una invitación a la convivencia pacífica”. La experiencia comenzó en tres comunidades y, con el paso de los años, ha evolucionado hacia una propuesta que incorpora a las familias como parte del proceso de construcción de paz.
Pernalete insistió en que este tipo de formación no puede limitarse a una charla. “Tiene que ser un proceso”, señaló.
La experiencia también les permitió trabajar con madres, abuelas, hermanas y otras mujeres que han asumido responsabilidades de crianza. Pernalete sostuvo que algunas prácticas de maltrato no necesariamente responden a que sean “malas”, sino a la ausencia de herramientas para afrontar esas responsabilidades y relacionarse de otra manera.
La formación, explicó, permite reflexionar sobre esas prácticas y desarrollar herramientas para transformarlas. “La primera escuela para enseñar a convivir es la familia”, afirmó.
Para Pernalete, esta discusión adquiere especial importancia ante el proceso de reconstrucción del país. “La familia tiene que ser fortalecida, la familia tiene que ser reforzada”, sostuvo al referirse al relanzamiento de la iniciativa, que actualmente avanza hacia Familias Promotoras de Paz.
Las experiencias compartidas durante la jornada han ido mostrando así distintas dimensiones de una misma discusión: la participación política, el periodismo, los derechos humanos, la organización comunitaria, la prevención de la violencia y la convivencia forman parte de capacidades que ya se vienen construyendo desde los territorios.
El desafío planteado durante el encuentro es cómo lograr que ese trabajo acumulado tenga incidencia efectiva en las decisiones que marcarán la nueva etapa del país y que la participación de las mujeres no permanezca únicamente en la organización de base, sino que alcance también los espacios donde se define el rumbo de Venezuela.





