El 24 de agosto se cumplieron 14 meses desde la vaguada del páramo del estado Mérida, un desastre natural que afectó a múltiples municipios y cuyas consecuencias aún impactan la vida cotidiana de sus habitantes.
Ante esta realidad, la ciudadanía ha resaltado la tardanza de las autoridades regionales y nacionales en la recuperación de la Carretera Trasandina, la principal arteria vial del norte del estado que comunica a la entidad merideña con los estados Trujillo, Barinas y el resto del país.
Actualmente, quienes transitan por esta arteria vial, especialmente en el tramo comprendido entre el pueblo de Escagüey del municipio Rangel, y la población de Tabay del municipio Santos Marquina, enfrentan carreteras con serias complicaciones asfálticas, zonas con alto riesgo de derrumbe debido a taludes inestables e incluso sectores gravemente socavados. En estos puntos críticos, la base de la vía ha sido arrastrada por el terreno, dejando paños de asfalto suspendidos en el aire, una situación que pone en constante peligro la vida de los transeúntes.
Carlos Mercado, habitante de Tabay, comentó que las autoridades han indicado de manera constante que se encuentra en desarrollo la canalización del río Chama, con el objetivo de retirar los sedimentos del cauce para lograr recuperar la vía y evitar próximos desastres naturales. Sin embargo, el ciudadano cuestionó que, tras 14 meses del hecho, las propuestas del Estado aún no se hayan culminado de manera oportuna.
«La verdad es difícil, porque nosotros sabemos que estas carreteras son difíciles de mantener y recuperar. Pero ya pasaron 14 meses y la vía sigue gravemente afectada», señaló Mercado.
Además, el merideño resaltó que, en plena temporada vacacional, el deterioro de la carretera representa un gran peligro para los turistas, quienes transitan por la zona sin esperar que las condiciones viales se encuentren en un estado tan preocupante.
«Nosotros realmente queremos que arreglen la carretera y que pronto podamos transitar con tranquilidad», dijo.
14 meses de espera en El Pedregal
La comunidad de San Emilio, ubicado en el Pedregal de Santos Marquina, padece todos los días las consecuencias del colapso del puente que los conectaba con la carretera trasandina, realidad que el Estado no ha resuelto totalmente, debido a que las labores de canalización del río Chama continúan, pero la construcción del nuevo puente se mantiene a la espera.
Un total de 33 familias, integradas por un aproximado de 85 personas, permanecen en una suerte de limbo geográfico. La pérdida del único puente que les conectaba con la Carretera Trasandina no solo implicó la destrucción de un bien público fundamental; significó la pérdida de la principal arteria vial que permitía el traslado de las cosechas, el acceso regular a las instituciones educativas y la atención médica de emergencia para sus ciudadanos.
Merly Uzcátegui, habitante de la comunidad, comentó que antes de la vaguada, el traslado hacia sus actividades laborales y el trayecto escolar de sus dos hijos representaban algunos minutos de su día. Actualmente, es toda una travesía que se extiende a pie y cuya duración depende de las condiciones físicas del caminante y del estado del terreno. Indica que algunas personas, los más diestros, duran 25 minutos caminando.
Exigencias de la comunidad
Por su parte, Carmen Rincón, habitante de la población de Tabay, indicó en declaraciones para La TV Calle la urgencia de que los entes gubernamentales, tanto nacionales como regionales, aceleren y culminen a la brevedad los trabajos en la arteria vial.
Rincón enfatizó que atender la infraestructura representa el primer paso para avanzar hacia la estabilidad de las comunidades afectadas, para luego enfocarse en otras necesidades, como impulsar el desarrollo económico de la zona, permitiendo que los ciudadanos cuenten con las condiciones necesarias para generar ingresos y cubrir sus necesidades básicas.




