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De “freír en aceite la cabeza” de los adecos a quedarse con su partido: La ironía chavista con Acción Democrática

Acción Democrática cumple 84 años intervenida. De vencer dictaduras a ser judicializada por el chavismo, su historia resiste sin tarjeta pero con memoria.

Caracas, 13 de septiembre de 2025. Por generaciones, cada 13 de septiembre ha sido motivo de conmemoración para el partido blanco, Acción Democrática (AD). Fundado en 1941 por una coalición de líderes civiles y políticos encabezados por Rómulo Betancourt, AD emergió como una expresión organizada del sueño democrático venezolano. Hoy, 84 años después, la fecha encuentra al partido intervenido, privado de su tarjeta electoral, y entregado —por decisión del Tribunal Supremo de Justicia— a una dirección impuesta que responde al oficialismo.

La paradoja no puede ser más elocuente: el partido que ayudó a fundar la democracia venezolana, hoy sobrevive sin su herramienta electoral, mientras sus símbolos e historia son utilizados por actores contrarios a sus principios.

Una historia sembrada en la lucha

Acción Democrática no nació en las oficinas del poder, sino en la resistencia. Sus cimientos se remontan a la Generación del 28, aquella oleada de jóvenes universitarios que se alzó contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. Rómulo Betancourt, uno de sus fundadores, fue parte de esa revuelta, y años después, desde el exilio en Costa Rica, sembró las bases del partido con la fundación del Partido Democrático Nacional, germen inicial de AD.

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En 1945, el llamado Octubre Democrático —un golpe cívico-militar respaldado por sectores democráticos y jóvenes oficiales— abrió las puertas al primer gobierno de masas y al voto universal. Rómulo Gallegos, novelista y demócrata, ganó la presidencia en 1947 con el 74% de los votos, pero su mandato fue interrumpido por un golpe militar apenas nueve meses después, el 24 de noviembre de 1948.

Allí comenzó la etapa más oscura: la resistencia clandestina contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Acción Democrática tejió una red de militantes y mártires: Leonardo Ruiz Pineda, Alberto Carnevali, Luis Hurtado Higuera, Carlos Delgado Chalbaud, entre otros, fueron asesinados por el aparato represivo del régimen. La lucha en la sombra incluyó organización obrera, prensa clandestina, sabotaje y articulación internacional.

La República Civil y el Pacto de Puntofijo

En 1958, tras la caída de Pérez Jiménez, AD fue protagonista del Pacto de Puntofijo, acuerdo de gobernabilidad con COPEI y URD que permitió a Venezuela experimentar su período más largo de alternancia democrática. Bajo los gobiernos de AD, Venezuela vivió ciclos de expansión educativa, industrialización y crecimiento petrolero. Con Rómulo Betancourt se consolidó la política de no reconocimiento a gobiernos de facto; con Carlos Andrés Pérez, la nacionalización del petróleo (1976) y la inclusión social.

Las cifras no mienten: durante los años 70, el ingreso per cápita venezolano se duplicó y se consolidó una red de servicios públicos que incluyó electrificación, salud y educación en toda la geografía nacional. No fue una democracia perfecta, pero fue una democracia en construcción.

El ascenso del chavismo y la estigmatización

Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, una de sus primeras declaraciones fue su guerra simbólica contra Acción Democrática. En mítines, llegó a prometer: “Vamos a desaparecer a los adecos de la faz de la tierra”.

La estrategia fue doble: deslegitimación simbólica y desplazamiento institucional. Chávez y el PSUV construyeron su hegemonía culpando a los partidos del pasado por la crisis de representación de los años 90. Acción Democrática, golpeada por divisiones internas, intentó reorganizarse bajo una dirección que enfrentaba un cerco institucional progresivo.

La judicialización y la figura de Bernabé Gutiérrez

En 2020, el Tribunal Supremo de Justicia —controlado por el chavismo— intervino formalmente el partido y le entregó la tarjeta electoral a Bernabé Gutiérrez, un dirigente históricamente vinculado a la organización, pero sin legitimidad interna. Gutiérrez ha defendido públicamente los lineamientos del gobierno de Nicolás Maduro y llegó a solicitar la aplicación de la Ley del Libertador, una polémica norma impulsada por el régimen para perseguir a opositores, en abierta contradicción con el ideario fundacional de AD.

Desde entonces, hay dos caras de AD: la que abusa de sus símbolos, su tarjeta y sus espacios mientras vive de rodillas ante el poder, y la que incluso avivó el negro como el símbolo de resistencia del partido, preservando sus principios y buscando mantener vivo el legado de Betancourt.

Una gesta que se prolonga hasta el siglo XXI

A pesar de los intentos por borrar su historia, AD ha mantenido episodios significativos de recuperación de la institucionalidad democrática. Durante la presidencia de Henry Ramos Allup en la Asamblea Nacional en 2016, se rompieron los piquetes represivos que rodeaban el Palacio Federal Legislativo, se reabrieron las galerías al pueblo y se reactivaron visitas guiadas, sesiones con gremios, y actividades académicas que devolvieron al Parlamento su carácter público.

En el proceso de elecciones primarias opositoras de 2023, la organización enfrentó tensiones internas. El entonces precandidato Carlos Prosperi se negó a reconocer el triunfo abrumador de María Corina Machado, pero la directiva del partido no acompañó esa postura, y por el contrario, reconoció los resultados y respaldó el mandato ciudadano, en un gesto que reafirmó su adhesión histórica al principio de soberanía popular expresada en las urnas.

Un aniversario bajo la sombra de la intervención

Este 13 de septiembre de 2025, Acción Democrática no celebra en el CEN de La Florida. No tiene derecho a postular candidatos ni a utilizar su logo. Pero existe. En los barrios, en sindicatos, en casas del interior del país, militantes siguen leyendo el “Betancourtismo” como una referencia ética y organizativa, aunque cuestionen errores del pasado.

La paradoja de AD hoy es haber sido, a la vez, instrumento de liberación y víctima de su propio sistema democrático, donde las reglas fueron reescritas por el poder hegemónico para imponer una “oposición a la medida”.

Acción Democrática sigue viva… en resistencia

Aquel partido que tejió redes clandestinas, que alzó a un novelista como presidente y que se sentó con COPEI y URD para sellar el pacto de la democracia, hoy enfrenta su aniversario despojado de sus símbolos, pero no de su memoria. La historia —tan traicionada por el presente— aún guarda las huellas de quienes prefirieron el exilio, la cárcel o la muerte antes que claudicar ante la dictadura.

En ese legado, aún pervive Acción Democrática.

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