Mientras Nicolás Maduro tiene apariciones puntuales y controladas, Diosdado Cabello emerge como el rostro más combativo del chavismo. En solo un día, habló desde su programa, se uniformó camino a Falcón y arengó al PSUV, alertando sobre una resistencia “armada y prolongada”
11 de septiembre de 2025. En menos de 24 horas, Diosdado Cabello ha sido tres hombres distintos con un solo mensaje: la Patria se defiende con fusil, fe y fuego revolucionario. Con el avance de buques militares estadounidenses cerca de Venezuela, el dirigente chavista ha intensificado su narrativa bélica y simbólica, convirtiéndose en el vocero más visible y exaltado del oficialismo frente a la tensión hemisférica.
Mientras el presidente Nicolás Maduro mantiene un perfil más reservado, Cabello habla por él —y por todos— desde tres trincheras distintas: la televisiva, la militar y la ideológica.
La trinchera propagandística
La jornada comenzó con la transmisión del programa número 542 de Con el Mazo Dando. Desde su rol como conductor, Cabello denunció un nuevo “asedio imperial”, comparó las acciones de Estados Unidos con la mentira de las armas de destrucción masiva en Irak, y responsabilizó al gobierno de Trinidad y Tobago por la muerte de 11 pescadores venezolanos.
“Quien se mete con Nicolás Maduro, se mete con Venezuela”, dijo con tono de advertencia.
También denunció las etiquetas como “Tren de Aragua” o “Cartel de los Soles” como mecanismos de criminalización y pidió preparación total para una guerra prolongada.

La madrugada y el uniforme militar
Horas después, en plena madrugada, Cabello publicó un video en uniforme camuflado desde un vehículo rumbo al estado Falcón. El tono ya no era de denuncia mediática: era de movilización activa.
Desde la Refinería de Amuay, lideró el Despliegue del Plan Independencia 200: Resistencia Activa y Defensiva Permanente, anunciando la activación de 24 puntos terrestres y cinco navales, en “perfecta fusión popular, militar y policial”.
“Esta es una resistencia prolongada que va a probar la moral de nuestro Pueblo”, afirmó vestido de combatiente.
Incluso aseguró que el 86% de los trabajadores del sector hidrocarburos ya se incorporaron a la Milicia Bolivariana, reforzando la idea de una “guerra de todo el pueblo”

Avivando el rojo PSUV en tiempos de crisis
El cierre de la jornada vino desde el Congreso del PSUV, donde Diosdado Cabello —ya vestido de rojo— pronunció uno de los discursos más duros que se le recuerden en años.
Convocó abiertamente al chavismo a prepararse para la transición de una revolución pacífica a una revolución armada, como advirtió Chávez.
“Ni una gota de petróleo gratis se llevará el imperialismo”, sentenció.
“Será una guerra de 100 años si hace falta”.
En su intervención, no faltaron menciones al legado de Bolívar, Chávez y hasta Mao Zedong. Citó a Vietnam como ejemplo, y aseguró que Venezuela está lista para “aniquilar” a cualquier enemigo que toque su suelo.

UN ACTO DE CONTRAGOLPE POLÍTICO
Más que una coincidencia, el frenesí discursivo y simbólico de Diosdado responde a una necesidad política interna. En un momento donde la presión internacional se ha reactivado (EE.UU. despliega fuerzas, el Parlamento Europeo declara al Cartel de los Soles como organización terrorista, y crecen los llamados a intervención en redes), Cabello asume el rol de contención emocional y estratégica del chavismo.
Activa resortes ideológicos: la invasión extranjera como excusa, la unidad popular como escudo, y el discurso de soberanía como adhesivo. Él no habla solo para el adversario, sino para las propias bases, que necesitan una narrativa clara en medio del ruido geopolítico.
¿Y MADURO?
A diferencia de otros momentos de tensión, Maduro ha dejado la vocería en manos de Cabello. No ha sido una omisión, sino una decisión: Nicolás aparece más moderado – incluso pidiéndole reestructuración a La Vinotinto – cuando su segundo se radicaliza. Así, el chavismo juega con dos tonos al mismo tiempo: el del Estado y el del combate.
ENTRE EL MIEDO Y LA MOVILIZACIÓN
Diosdado sabe lo que hace. En su despliegue actoral —desde el plató, el puesto de comando o el atril del PSUV— construye un relato funcional: si hay guerra, que no los tomen por sorpresa; si no hay guerra, que al menos nadie dude de su disposición.
El problema es que ese mismo tono también puede alimentar el miedo colectivo. Las menciones a una “resistencia armada de 100 años”, a una “milicia obrera armada” y al “fin de la diplomacia” no pasan desapercibidas en una región ya crispada.
En 24 horas, Diosdado Cabello hizo más apariciones públicas, más discursos radicales y más llamados a la guerra que cualquier otro actor del chavismo en los últimos meses. Su objetivo no es solo defender la revolución: es recordarle a todos que él es su garante más férreo, su vocero más agitado, su músculo más visible.



