La alcaldía de Federico Gutiérrez volvió a poner sobre la mesa una discusión que ha sacudido por años la imagen internacional de Medellín: la instrumentalización del turismo para vender la narrativa del narcotráfico como entretenimiento. Durante una nueva jornada de control en el Graffitour de la Comuna 13, la administración distrital reiteró su llamado a comerciantes y guías para erradicar toda forma de apología al crimen, señalando que no permitirá que “el mafioso” —en alusión a Pablo Escobar— siga siendo un referente para los visitantes.

Acciones en terreno
Desde la Secretaría de Seguridad y Convivencia se identificaron puntos de venta informal con mercancía que, según las autoridades, hace alusión directa a estructuras criminales del pasado. Como respuesta, se entregó material pedagógico con el mensaje “Comercio responsable, en un entorno de paz”, dirigido a sensibilizar a vendedores y promover una oferta turística centrada en el arte, la memoria y la dignidad.
En paralelo, la Secretaría de Turismo y Entretenimiento realizó una jornada con 37 vendedores ambulantes para incentivar la venta de souvenirs enfocados en la cultura local, y la Secretaría de Cultura Ciudadana anunció la segunda edición del Medellín Urbana Fest, evento gratuito que reunirá a más de 20 artistas locales e internacionales con actividades como freestyle, breakdance, grafiti y diseño gráfico, entre el 19 y 20 de julio en el barrio Antonio Nariño.
Un año después del proyecto de ley contra la narcocultura
El debate actual revive el proyecto de ley presentado hace exactamente un año por el congresista Cristian Avendaño (Alianza Verde), que busca prohibir la comercialización, uso o distribución de imágenes, símbolos o productos que glorifiquen a criminales condenados. La iniciativa —que aún no ha sido aprobada— propone modificar el Código de Seguridad y Convivencia Ciudadana para incluir sanciones que van desde multas entre $173.000 y $693.000, hasta la suspensión o destrucción de los bienes comercializados.
La ley fue motivada por la expansión del llamado “narcoturismo”, una práctica que ha trivializado el impacto del narcotráfico en Medellín y ha invisibilizado el sufrimiento de miles de víctimas. “No se trata de censura, sino de memoria y respeto. Convertir a criminales en souvenirs no es cultura”, ha expresado Avendaño en reiteradas ocasiones.
¿Qué pasó con el Graffitour?
Lo que comenzó como una experiencia de resiliencia barrial, donde la Comuna 13 compartía su transformación a través del arte, se ha desviado hacia un espectáculo mercantilizado donde, según denuncias de medios como El Colombiano, se reciben turistas con actores disfrazados de Pablo Escobar y se venden réplicas de armas o camisetas con frases como “Plata o plomo”.
Incluso en espacios con carga simbólica, como el Parque de la Inflexión —erigido donde alguna vez estuvo el edificio Mónaco, símbolo del narcoterrorismo—, se observan guías improvisados contando historias falsas a visitantes extranjeros, mientras caminan entre placas que rinden homenaje a las víctimas del conflicto urbano.
“Este no es el legado que queremos contarle al mundo”, sentenció el alcalde Gutiérrez, quien pidió a la ciudadanía y al sector turístico sumarse al esfuerzo por construir una narrativa más humana, más justa y sin guachafitas alrededor del dolor.




