Rosaura Betancourt tiene 28 años, es de Ciudad Bolívar y cursaba Estudios Políticos y Administrativos en la Universidad Central de Venezuela. Su vida dio un giro profundo cuando, en 2017, quedó embarazada de su primera hija, Aura, en medio de un espacio que no era suyo, “que era la casa de mi mamá”, recuerda.
En medio de la crisis venezolana y sin posibilidades reales de independencia, Rosaura y Derek, su pareja, decidieron tomar una decisión drástica: emigrar. “Ese fue nuestro proyecto como familia”, dice con convicción. Eligieron Argentina por la posibilidad de obtener documentos legales. “El país nos recibió con los brazos abiertos. Pudimos tener el DNI tanto nosotros como nuestra hija”.
Tras un largo proceso para ahorrar y organizar la salida, llegaron a Buenos Aires el 19 de mayo de 2019. Apenas bajaron las maletas, los recibió un otoño helado que pronto se convirtió en invierno. “No era el calor de nuestra tierra, era otra cosa… era frío en todos los sentidos”, confiesa.
Y fue en ese nuevo clima, físico y emocional, que Rosaura descubrió que estaba embarazada por segunda vez, ahora de Alba.
El inicio de una comunidad inesperada
La noticia la enfrentó sin red de apoyo ni referencias. “No conocía a nadie, no sabía a dónde ir, cómo hacer los controles médicos”, recuerda. En medio de esa incertidumbre, decidió formar un grupo con otras mamás embarazadas.

Así nació Mamis Venezolanas en Argentina. Todo comenzó en la Escuela de Parto del Hospital Fernández, en Palermo. “Nos veíamos todos los martes durante ocho semanas. Decidimos acompañarnos durante los partos, y eso nos hizo amigas”. Ese primer grupo fue creciendo de forma natural: amigas que invitaban a más amigas, primas, tías… hasta llegar a unas 300 mujeres.
El primer encuentro presencial ocurrió después de la pandemia, cuando por fin pudieron conocerse y abrazarse en persona. Desde entonces, Mamis se volvió una tradición anual.
Así fue el III Encuentro de Mamis
Este 1 de Mayo celebraron el III Encuentro de Mamis Venezolanas en Argentina. Asistieron 139 mamás con sus familias, lo que sumó unas 600 personas. Fue un evento sin precedentes con el respaldo de 41 patrocinantes que hicieron posible la realización de sorteos y entrega de regalos a las afiliadas
“Tuvimos animación para los niños, bailoterapia para las adultas, reconocimientos… todo muy bien organizado”, cuenta Rosaura. Y en medio de la jornada ocurrió algo inesperado: el expresidente argentino Mauricio Macri se acercó espontáneamente al encuentro.
“Él no venía recorriendo el parque, se bajó justo donde estaban los globos, en la entrada del encuentro, y preguntó quién era la encargada”, recuerda Rosaura.
Le contaron qué hacían, cómo surgió el grupo, cómo se organizaban. “Él nos agradeció por lo que los venezolanos han aportado a Argentina. Dijo que somos personas muy trabajadoras, que echamos pa’lante, que hemos sido un regalo para este país”. Las asistentes aprovecharon para tomarse fotos y muchas de las señoras lo abrazaron con entusiasmo.
Fue un momento inesperado, pero que dejó en evidencia la visibilidad que ha ganado esta red construida desde el afecto y la constancia.
Símbolos, generaciones y afectos
Cada edición del encuentro tiene una temática distinta. En esta ocasión se rindió homenaje a las madres mayores y abuelas migrantes. “Ellas dejaron sus casas, vecinos, profesiones… todo, para venir a ayudar a criar nietos. Son una parte esencial de esta historia”.
El evento se dividió en tres equipos simbólicos: Orquídea, Turpial y Araguaney, inspirados en los símbolos ornamentales de Venezuela. Cada equipo contó con una responsable: Dexy Román lideró Orquídea, Keyla Adrianza estuvo al frente de Turpial, y Francymar Flores coordinó Araguaney. Además, Denieska Simancas asumió la coordinación de finanzas, y Rosaura Betancourt lideró como fundadora y coordinadora general.
Fue una manera de reconectar con la identidad desde lo emocional y lo colectivo, y de visibilizar el trabajo colaborativo que hace posible cada edición.
Una red que sostiene todos los días
Más allá del evento anual, Mamis Venezolanas en Argentina funciona como una comunidad viva, activa y cercana. “Hablamos todos los días. Si alguna necesita alquilar, conseguir trabajo, acompañamiento en una emergencia médica o emocional, ahí estamos”.
Han hecho colectas para apoyar a mamás con tratamientos médicos, han recibido a bebés con canastillas organizadas entre todas, y han canalizado apoyos para emprendedoras. “Muchas se dan a conocer vendiendo sus productos en el grupo. Así conectan con nuevos clientes y se sostienen”.
La receptividad ha sido tan positiva que, tras una publicación en la cuenta ReViral —una página de venezolanos en Argentina—, muchas mujeres nuevas quisieron unirse. “Fue muy bonito ver cómo tantas querían formar parte de esto”.
Círculos de confianza y cuidado compartido
Lo que comenzó como un grupo de WhatsApp entre embarazadas hoy es una red de afectos, ayuda mutua y alivio cotidiano para muchas mujeres que crían lejos de su tierra. “No somos una ONG ni una asociación formal, pero sí una comunidad con la que puedes contar”, dice Rosaura.
Mamis también ha sido un espacio de escucha, donde se comparten consejos, frustraciones, logros y hasta debates sobre temas del país que las acoge. “Desde lo que tenemos, hacemos todo lo posible por apoyarnos”.
La politóloga que creció entre afectos y responsabilidades
Aunque no pudo culminar su carrera universitaria, Rosaura Betancourt se reconoce como politóloga por formación, vocación y experiencia. Su paso por el movimiento estudiantil Hechos UCV le permitió desarrollar capacidades de liderazgo, organización y trabajo en equipo. Más adelante, su participación en modelos de Naciones Unidas y su actual rol como gerente de un equipo de ventas de una institución bancaria, han reforzado ese perfil profesional.
“Hoy no solo organizo estos encuentros, también he logrado profesionalizarme, liderar equipos, y entender cómo impactar desde lo que me apasiona”, afirma. Para ella, Mamis Venezolanas en Argentina no es solo un grupo de WhatsApp: es una red que nació del corazón, y que la ayudó a transformar su propia historia.
Un mensaje para la diáspora
“Ojalá existieran muchos más espacios como este. No para quedarnos en lo triste, sino para apoyarnos, hacernos parte, sentirnos acompañadas. Porque muchas personas emigraron solas. Y la maternidad no se detiene, no tiene pausa. Pero si tienes contención, cambia todo”.
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