La violencia puso su huella en el periodismo latinoamericano en el mes de enero, dejando cuatro periodistas asesinados, dos en México, uno en Perú y otro en Colombia.
“El inicio de año deja en evidencia que la violencia sigue siendo uno de los principales mecanismos de censura en muchos países de la región”, advirtió Artur Romeu, director de la oficina en América Latina de Reporteros Sin Fronteras (RSF). La censura en América Latina rara vez llega en forma de leyes o restricciones formales; se impone con amenazas, agresiones y, como en estos casos, con la muerte.
Narcotráfico, impunidad y la ausencia del Estado
Jonathan Bock, director ejecutivo de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) de Colombia, señala tres factores clave en el incremento de la violencia contra periodistas. El primero es la consolidación de grupos criminales que buscan controlar la información. “Hay una relación directa entre el aumento de los ataques contra periodistas y la reconfiguración de los grupos, sobre todo ligados al narcotráfico, que como estrategia buscan silenciar al periodismo para generar miedo en la ciudadanía”, explica.
El segundo factor es el olvido estatal. A pesar de la existencia de mecanismos de protección en algunos países, los gobiernos han fallado en su propósito de garantizar la seguridad de los comunicadores. En México, por ejemplo, Calletano de Jesús Guerrero fue asesinado el 17 de enero pese a haber sido trasladado de su hogar por el Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. Cuatro días después, su cuerpo fue hallado sin vida. La falta de respuestas efectivas agrava el problema: “No hay una respuesta al efecto colectivo que genera cuando se asesina a un periodista”, afirma Bock.
El tercer factor es la impunidad. En México, la impunidad en crímenes contra periodistas supera el 95 %, según cifras de Artículo 19. Leopoldo Maldonado, director de la organización, señala que estos asesinatos pueden estar vinculados con la reconfiguración del crimen organizado tras el cambio de gobierno en el país, pero que la raíz del problema es aún más profunda. “El desdén y la incapacidad del Estado para prevenir estos crímenes, además de los altos niveles de impunidad que prevalecen”, explica.
Un patrón de terror
Las muertes de los periodistas Alejandro Gallegos León en México, Gastón Medina Sotomayor en Perú y Óscar Gómez Agudelo en Colombia se suman a una lista de asesinatos que ha marcado la historia reciente de la región.
Andrea Cairola, jefe interino de la sección de Libertad de Expresión y Seguridad de los Periodistas de la Unesco, advierte que la situación no es exclusiva de América Latina. “Los periodistas siguen siendo atacados y corren peligro en todas las partes del mundo, incluido el riesgo máximo de perder la vida”.
Nota cortesía Derechos Humanos en Acción
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