Libertad de prensa en Venezuela: ¿para qué?

Por Isaac Rubio. Periodista, docente universitario y activista por los derechos humanos.

Informar. Expresar. Derecho. Comunicar. Estos son sinónimos que constantemente se encuentran, se cohesionan y se conjugan en territorios libres para recordarles a los ciudadanos que estar informados es su derecho. Porque quien está informado discierne, decide y toma decisiones de una manera más objetiva.

En tal sentido, la información es poder y quien la posee es poderoso en conocimiento. Esto es, quizás, a lo que a algunos que ostentan el mando político le temen: a que el pueblo esté informado y se sienta respaldado en opinión.

El artículo 58 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es enfático: «La comunicación es libre y plural, y comporta los deberes y responsabilidades que indique la ley. Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura, de acuerdo con los principios de esta Constitución, así como a la réplica y rectificación cuando se vea afectada directamente por informaciones inexactas o agraviantes. Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información adecuada para su desarrollo integral».

Durante el mandato de Chávez, ya existía la censura o «moderación previa» que en muchas ocasiones llevaba a la autocensura, la revocación de licencias de transmisión y los arrestos a colegas o a cierre de pequeños y grandes medios de comunicación.

El panorama no ha mejorado durante la administración de Nicolás Maduro. El asedio a periodistas continúa y ha evolucionado hasta el punto de que sus tentáculos rojos entran en la empresa privada y despiden periodistas sin ninguna justificación más allá de haber hecho el trabajo. De privado solo quedó el nombre.

El despido del colega Seir Contreras de Globovisión no me extrañó, y que esto último pase ya es aterrador. No me extrañó porque no es un hecho aislado, ni algo nuevo en un país sin plenas garantías para el ejercicio periodístico. Muchos periodistas hemos pasado por situaciones similares, desde despidos por teléfonos (como el caso de Seir) hasta montados en un convoy militar o incluso presos por solo ejercer el trabajo competente.

El trabajo periodístico real, ese que hace contrapoder, incomoda e incomoda mucho porque gracias a él salen a la luz situaciones, datos y realidades que pueden no ser favorables para los responsables. Y se les olvida que el periodismo es un trabajo por y para la sociedad ávida de conocer la verdad.

Algunos periodistas ya se acostumbraron a esta lamentable situación, al punto de verlo como «gajes del oficio» o cuando automáticamente se autocensuran para evitar «sorpresas»: suavizo aquí, quito allá, suprimo esta oración de mi noticia. Ya decía Roger Wolfe: «Tienes derecho a expresar libremente todo aquello que te esté permitido decir».

Cuando la prensa pierde su libertad de informar, los ciudadanos (el lector, el oyente, el televidente, el usuario) pierden la opinión, el análisis y la libertad de pensar en sus contextos y en las posibles soluciones

En un Estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres. Suetonio, historiador romano.

Isaac Rubio

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Chara Lattuf

La libertad de expresión y de informar se debe manifestar públicamente, de no se así sería una retórica. Identificar cuándo y la frecuencia de dicha vulneracion. Otro aspecto es si el comunicador se siente afectado por la editorial del M. C. S. O de la presión del Gobierno.